Nacional cumplió con vencer a Liverpool en Belvedere pero se fue con gusto a derrota
Nacional cumplió con vencer a Liverpool en Belvedere pero se fue con gusto a derrota
Los jugadores de Nacional levantan los brazos. La hinchada responde
con aplausos. Peñarol es el campeón del Apertura y el triunfo ante
Liverpool en Belvedere no matiza la sensación a derrota.
Es
cierto, Nacional dio pelea hasta el final. Estiró la definición del
certamen hasta el último minuto del torneo cuando la historia bien pudo
definirse hace un par de fechas. Mejoró su rendimiento en momentos
complejos e infló el pecho de rebeldía cuando la adversidad intentó
frenarlo. Pero la copa –ojo, la de medio Campeonato Uruguayo– terminó en
la vereda de enfrente.
En la penúltima fecha
ante Rentistas y ayer ante Liverpool, el equipo sacó la cara. Apeló a
la memoria futbolística para recuperarse y al amor propio para ganar.
Solo así se explica el triunfo obtenido ante el negriazul.
Porque Liverpool le pasó literalmente por arriba a Nacional en el primer tiempo.
¿Cómo? Con presión asfixiante en la zona media y fútbol asociado y explosivo a la hora de pasar –bien rápido– al ataque.
No
lo presionó bien arriba en su salida como lo hicieron River Plate,
Cerro, Plaza Colonia o Rentistas, sino que esperó para asfixiarlo en su
zona de gestación, cuando intentaron juntarse Gonzalo Porras, Rodrigo
Amaral y Nacho González.
Recuperando en la
zona media partieron ataques verticales, asociados y profundos. Con
Gonzalo Freitas dando el paso al frente desde el doble cinco, Nicolás De
La Cruz enloqueciendo a Alfonso Espino y Andrés Rodales sumándose como
factor sorpresa.
Nacional apeló a la falta
antes de verse desbordado. Y eso le permitió a Liverpool hacerle daño.
Porque al equipo de Gabriel Eroza le sobró audacia pero le faltó astucia
para encontrar espacios entre líneas en la defensa tricolor.
Entonces, a falta de acciones de gol en jugadas de campo, el negriazul dañó de pelota quieta.
En 11 minutos, el equipo de Gustavo Munúa
concedió cuatro faltas en las cercanías de su área. La cuarta terminó
en un rebote donde el zaguero Cristian Almeida quedó habilitado por
Amaral
–pesado, lentísimo, falto de reacción– y abrió el marcador.
El
tricolor no pudo reaccionar. Porque el local le ganó las pelotas
divididas –hubo un tranque donde Freitas le pasó por encima a Porras con
la furia de una hundida de LeBron James–, porque González fue absorbido
por el propio Freitas y Ferreira, y porque Sebastián Rodríguez se sumó
al juego asociado para sumarle precisión al manejo del balón.
Un tiro libre de De La Cruz que pasó cerca y otro de Rodales que pegó en el palo tuvieron a Nacional al borde del nocaut.
Pero
en una acción aislada y entreverada, tal como fue el primer tiempo de
los albos, llegó un penal por mano –bien cobrada– de Damián Macaluso que
Sebastián Abreu transformó en empate.
A ese
gol, encontrado a falta de tres minutos para el final del primer tiempo,
Nacional sumó otro a los tres minutos de comenzado el complemento.
Liverpool
anestesió la tenacidad de sus marcas y González aprovechó espacios para
avanzar, perfilarse y definir a la entrada del área.
El
partido dio un giro. Nacional pasó a apropiarse del balón a través de
la precisión del Nacho y Porras. El equipo recuperaba así parte de su
memoria futbolística. Y eso robusteció el factor anímico.
Tanto
fue así que el gol del empate de Junior Arias –pelotazo largo y cruzado
de Rodales, cierre flojito de Fucile– no frenó el dominio tricolor que
cinco minutos después volvió a ponerse arriba con otro penal de Abreu.
Esta
vez falló el juez Javier Bentancor, y por partida doble, ya que Romero
se zambulló ante la salida de Bava que, sancionada la falta, debió ser
expulsado por el último recurso de la infracción.
Como
ante Sud América y Rentistas, Nacional volvía a verse beneficiado por
un penal inexistente, mientras Liverpool perdía por expulsión –doble
amarilla– a Ferreira, su agente de equilibrio.
Con 10, al negriazul que ya había pasado de dominador a dominado le costó mucho acercarse con peligro al arco de Esteban Conde.
Nacional
hizo un gran trabajo de defensa con pelota, bien lejos de su arco al
que solo Sebastián Rodríguez supo cómo rebelarse: con pisadas, pelota al
pie, gran lectura de juego y valentía para rematar de media distancia.
Probó tres veces, le faltó puntería para vestirse de héroe.
Y
así Nacional se llevó el triunfo. Con el gusto a poco de terminar
vicecampeón y con la mancha de verse otra vez favorecido por un polémico
arbitraje. Un triunfo que el hincha igual valoró con aplausos por la
rebeldía con el que se forjó. Pero que no alcanzó
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